Las Excusas

Las Excusas

Cierta vez fue un señor a comprar dos kilos de asado, y cuando se los cortaron y pesaron y llegó el momento de pagar, resultó que este señor no llevaba dinero encima; entonces le empezó a explicar al carnicero por qué había ido a comprar carne sin llevar dinero, y cuando estaba en medio de su explicación, el carnicero le cortó tajantemente y le dijo: discúlpeme señor, yo comprendo que tiene usted buenos motivos para no haber traído su  billetera, pero yo tengo otros clientes que atender.

Y el señor se dio cuenta rápidamente que los argumentos de él eran muy buenos, pero no se puede comprar comida con excusas.

Y resulta que todo aquel que no tiene éxito en la vida, posee un rasgo común y es que conocen todas las razones del fracaso, conocen todas las excusas que justifican su falta de éxito. Pero las excusas no se pueden usar como dinero, y la verdad es que al mundo solo le interesa que le contestemos una pregunta: Ha triunfado Ud. o no?

Las excusas al ser hijas de nuestra imaginación nos producen una fuerte invitación a que las defendamos como valederas, pero debemos recordar a Platón quien nos dijo:

“La mejor conquista es la conquista de uno mismo, y la cosa más vil de todas es ser conquistado por el propio yo”

Siempre encontraremos una excusa valedera para justificar nuestros fracasos, pero si empleamos la misma energía en cambiar este mal hábito, entonces ya no necesitaremos más excusas.

La vida es como una partida de ajedrez en la que nuestro contrincante es el tiempo. Si tardamos en mover nuestras piezas, pronto nos encontraremos sin peones.

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